“En el fútbol infantil, los que tienen que cambiar son los adultos”

Agosto 2012

Deportes

Entrevista con Marcelo Roffé, presidente de la Asociación de Psicología del Deporte en la Argentina.

Marcelo Roffé publicó Psicología del jugador de fútbol, su primer libro, en 1999. Allí cuenta la metodología de trabajo que había llevado adelante en Ferro. Se trató del primer libro latinoamericano que abordó la psicología del futbolista. Ya va por la quinta edición. José Pekerman, después de leer ese libro, lo llamó para trabajar con las selecciones juveniles, en donde estuvo hasta el Mundial 2006, cuando el técnico se alejó de la AFA. Desde entonces, con el fin de ese proyecto, no hay Departamento de Psicología en la estructura de selecciones nacionales.
Roffe, que hace más de veinte años se especializa en deportes, y es presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina, ha publicado otros títulos que son referencia en la materia. El último trabajo que sacó a la luz, junto a dos colegas españoles, es más técnico: Test Gráfico de Situaciones Deportivas, con siete láminas que intentan producir un perfil psicólogo relacionado al deporte para chicos de entre siete y catorce años.
 

-¿El libro está más apuntado a psicólogos deportivos?
-A psicólogos o a estudiantes de psicología, o a quien pueda tomarlo. En una de las láminas, por ejemplo, hay un hombre y  una mujer, a los que les sale algo de la boca y no se sabe si están insultando o alentando. Vos le preguntás al pibe: ¿qué ves acá?, ¿quiénes son?, ¿qué pasa ahora?, ¿qué sentís? Y vas construyendo el perfil psicológico del chico a partir de las variables autoeficacia, autoconfianza, concentración, motivación, solidaridad, cooperación, y presiones.
 

-¿Para qué sirve armar ese perfil?
-Para poder ayudarlo, sobre todo, o para confirmarle que está por el buen camino. El fútbol infantil es el terreno donde más tendríamos que trabajar y es el más resistente, porque en ese área los padres y los entrenadores son los principales actores y los que tienen que cambiar, a diferencia de  juveniles y profesionales donde cada vez hay más experiencias sobre este tema.
 

-Vos decís que “un campeón primero se nace y después se hace”, ¿cómo es eso?
-Eso está en Mi hijo el campeón. Las presiones de los padres y el entorno. Y lo mismo pensamos del líder. Un líder primero se nace y después se hace.
 

-¿Si no nació con talento no hay manera de hacerlo?
-Yo creo que no. Por ahí te vas a topar con otro psicólogo deportivo que te dice otra cosa. En mi experiencia, no. ¿Qué es la habilidad? Algo innato, una capacidad. El talento es una capacidad superior para desarrollar una actividad. Puede ser tocar la guitarra, cantar, pintar o jugar al fútbol. Primero tenés que nacer con algo genético, innato, heredado.
 

-El test es hasta los catorce años, ¿cómo se trabaja con el chico el traslado al alto rendimiento?
-Pasar de séptima a sexta es como pasar del Primario al Secundario. Pasar de Infantil a Juvenil sería como pasar de Jardín al Primario. Estar en una Reserva es estar en la Universidad. Una cosa es alguien que empezó a los trece años y otra cosa que ya tenga Inferiores y venga desde los siete años. También hay que saber que de cien que inician en novena división, sólo uno llega a vivir del fútbol. Fijate lo que es la voracidad.
 

-¿Las razones son muy amplias?
-Son amplísimas. Primero, hay injusticias desde el momento en que hay subjetividad. Después, hay casos de corrupción. Y hay chicos que juegan muy bien pero no se bancan el ambiente. O se estancan en la Cuarta, que es muy difícil en cuanto a altibajos emocionales. Yo me acuerdo de un jugador que atendí que quería dejar el fútbol. Después llegó, pero se desmotivaba. Ahí cuenta mucho el “hambre”.
 

-Y está el que llega.
-Llegar es muy difícil. Hay que empezar a prepararlos ya desde los catorce años para la vida, para el estudio, como personas, en los valores, y que sepan que pueden llegar o no llegar. Y empezar a prepararlos para el retiro, porque después viene y el 90 por ciento no preparó otra zona de interés. Entonces, es retirado por el deporte, no decide él cuándo retirarse. Una vez que el éxito te golpea la puerta es más difícil, porque a veces no estás preparado psíquicamente. Después está cómo te superás y no te conformás. Uno ve a jugadores que eran cracks y no llegaron, otros que llegaron y se derrumbaron. ¿Cuántos son los que llegaron, se mantuvieron, se superaron, y los vendieron? Los contás con los dedos.
 

-Ingresaste a un mundo muy conservador como es el del deporte y hasta decís que has tenido que superar tus propios prejuicios. ¿Qué otras barreras tuviste que superar?
-Yo publiqué un listado de doce causas de por qué los entrenadores no incorporan psicólogos. Ignorancia, porque uno no puede incorporar lo que no conoce; soberbia y omnipotencia, que a veces van de la mano. Prejuicio, y ahí cito a Albert Einstein: es más fácil destruir un protón que un prejuicio. Otros dicen: no lo necesité como jugador, por qué lo voy a necesitar como entrenador. Otros que es para locos y enfermos. Otros creen que da una charla el psicólogo y tienen que ganar.
 

-La idea del milagro…
-Sí, y nosotros estamos para garantizar el bienestar psicológico y no el resultado. Yo creo que el partido en juveniles lo estamos ganando por Pekerman, que puso el rol del entrenador de arquero y el rol del entrenador mental a partir de un psicólogo del deporte y no un biólogo o un motivador. Después, el partido en el consultorio también, yo cada vez tengo más consultas de jugadores y entrenadores, aunque unos a escondidas de otros. Pero en líneas generales hay uno o dos equipos que tienen psicólogo en Primera División. Y uno podría decir que estamos perdiendo ese partido.
 

-Definís a la presión como exigirle al otro más de lo que puede dar, ¿hay un equilibrio entre esa exigencia y la búsqueda de superación?
-La presión en general puede ser interna o externa. Y la exigencia es un motor necesario. El tema es el exceso. Hay un hilo muy delgado que divide la presión de la motivación. Lo que para un jugador puede ser un desafío, un reto, para otro puede ser una amenaza. Dicho infantilmente, hay que transformar las mochilas en zanahorias.
 

-Cuando trabajás con un deportista buscás su mejor rendimiento. ¿Trabajás también para prepararlo ante la derrota?
-Sí, estamos para optimizar el rendimiento, pero entre todas las variables que trabajamos está la resiliencia, que es entrenar la adversidad. Porque la pregunta en el deporte es por qué de local no puedo ganar, por qué cuando voy ganando me relajo, por qué cuando estoy abajo en el marcador empiezo a arriesgar, por qué no lo puedo hacer antes, por qué cuando escucho el murmullo de la gente me desmorono. Y la confianza se cae y no puedo volver al partido, pierdo el foco.
 

-¿Cuáles son los miedos que atacan a los deportistas?
-En el último tiempo yo también atiendo automovilistas, jugadores de tenis de mesa, tiradores. Hay miedos particulares de cada deporte. Siempre les decimos a los que formamos que hay que atender la tríada: deporte, competición, deportistas. David Nalbandian se potencia en la Copa Davis, pero por ahí le jode un torneo equis y no da lo mismo. El tenis tiene un tipo de concentración que no tiene el fútbol. En el fútbol vas a tirar un córner y te puede morder el perro, te insultan, el árbitro te apura y tenés que tirar una pelota a la cabeza de un compañero entre veinte. En el tenis vas a sacar y escuchás un papelito y lo echan al tipo.
 

-¿Hay diferencias en el deporte colectivo y en el individual?
-En el individual vos tenés bastante desventaja. En el deporte de equipo te bloqueás, te negativizás y te puede despertar la palabra de un compañero. La estructura del equipo a veces te sostiene. En cambio, en un deporte individual, como decía Bonavena, te sacan el banquito y quedaste solo. El equilibro emocional tiene que ser mayor. Pero también te podría decir que no hay deporte individual. Por ejemplo, en el automovilismo, está el mecánico y el piloto, porque el auto es el sesenta por ciento.
 

-Es decir, hasta en los deportes individuales tenés que trabajar en equipo
-No hay dudas.
 

-¿Y el golfista?
-Es el más difícil, el más mental. En el tenis, el 70 por ciento del tiempo la pelota no está en juego. En el fútbol, el 50, y en el golf se calculan menos del cinco por ciento. Diez minutos de cuatro horas. Si no podés manejar bien los pensamientos negativos se pone complicado. Y ahí el caddy es fundamental, te va conteniendo, te va diciendo cómo está la cancha, qué tipo de palo te conviene.
 

-Hay dos momentos críticos de un deportista, la lesión y el retiro, ¿hay más?
-El miedo al futuro, el miedo a lesionarse, el miedo a fallar, el miedo al fracaso, a no dar lo que se espera de mí. Lesión y retiro son dos temas tabú. Es como la muerte, nadie quiere hablar de eso. Uno debería estar preparado para las lesiones graves, porque en algún momento te puede suceder. Pero de eso no se habla. Y a veces en la lesión grave te sobreviene la culpa y después puede venir la depresión. El retiro también es muy complicado.
 

-¿Por no saber qué hacer?
-Sí, el futbolista piensa que lo único que sabe hacer es patear una pelota, lo cual es ficticio. Porque todos para dos o tres cosas podemos llegar a servir, pero tenemos que averiguar cuáles son esas cosas. Además, porque como está explicado en Fútbol de Presión, el futbolista vive en una burbuja. Va a la panadería, le dan los panes calentitos, no hace fila, no le cobran, firma autógrafos, y cuando se retira le pasa lo mismo que a nosotros. El aterrizaje es muy duro.
 

-¿Son muchos los casos de futbolistas que caen en depresión?
-No son muchos. Pero en tanto jugador-juguete, mercancía de un sistema neoliberal, cada vez son más las presiones. El protagonista ahora es el representante, no el jugador. Y hay técnicos que prefieren manejarlos como si fueran una Playstation, entonces no toma decisiones afuera ni adentro de la cancha. El jugador tiene que desarrollar habilidades psicológicas para manejar esa presión y que aflore esa espontaneidad, esa síntesis subjetiva del jugador, no del juguete. Ahora, cuando hay tanta presión puede llegar a la depresión, si no la sabés manejar hay que ver si te recuperás. Por eso tenés que trabajarlo.
                                                                                      Alejandro Wall