Neurociencias, la nueva forma de entrenar la mente de los deportistas

Noviembre 2017

Deportes

A partir del descubrimiento de que el cerebro se puede moldear, se expande el trabajo de expertos en esta disciplina en la competencia de alto nivel.

La cuestión de fondo no ha cambiado: cómo mejorar el rendimiento deportivo. Esta búsqueda, tan sana y natural en principio, motiva tanto a los deportistas amateurs como a los profesionales. En el primer caso la autosuperación deriva en una satisfacción estrictamente personal. En el caso del deporte de alta competencia, además, juegan otros elementos: el reconocimiento social, la posibilidad de ganar más dinero o la propia ambición de ser el mejor. Por eso, desde que las competencias deportivas han tomado un lugar tan preponderante en la sociedad, los entrenadores han ido incorporando técnicas de entrenamiento y conocimientos de otras disciplinas para que sus dirigidos puedan rendir al máximo.

 

Motivando la mente

Hoy, con el auge de las neurociencias, casi nadie discute que el cerebro se puede “entrenar” de modo tal que eleve el rendimiento físico. Pero el camino recorrido por la ciencia hasta descubrir de qué manera la mente impacta en el cuerpo en materia deportiva ha sido largo y sinuoso. El primer Congreso Mundial de Psicología del Deporte tuvo lugar en Roma en 1965. Según los especialistas, ese hito académico e institucional inaugura la etapa de consolidación de esta subdisciplina de la psicología. Pero los primeros estudios e investigaciones tendientes a poner de relieve la importancia de los factores psicológicos en la práctica del deporte se remontan al primer cuarto del siglo XX, cuando los profesionales de la educación física empezaron a demandar a los psicólogos la aplicación de esos experimentos al ámbito del ejercicio físico. Sin embargo, la psicología deportiva recién llegaría a su madurez en la década del 80: ese es el momento en que el deporte de alta competencia le empieza a conceder la máxima importancia a la preparación psicológica de los atletas, ya sea para aumentar su rendimiento como para lograr su bienestar.

Mientras la psicología deportiva crecía en el primer mundo, el fútbol argentino era testigo de un caso que en aquel momento dio muchísimo que hablar. Fue la contratación en 1989 por parte de Boca de Oscar Mangione, un psicólogo que empezó a trabajar con tal vez el plantel más “presionado” del deporte local. La década del ochenta no había sido nada buena para el club de la Ribera. El último título lo había conquistado con Diego Maradona en 1981 y los fracasos se sucedían. Mangione trabajó con Carlos Aimar, Washington Tabárez y se despidió de la institución durante el ciclo de Jorge Habegger. En ese lapso, Boca ganó la Supercopa de 1989 y el Apertura 92, con un Gabriel Batistuta descomunal que siempre reconoció el trabajo de Mangione y que este retribuyó escribiendo un libro sobre el delantero. “Perfil de un crack que se construyó a sí mismo”, dice el título de la obra. “Yo trabajaba con la concentración, para que la angustia de la hinchada no se proyectara en los jugadores en forma de inhibición motriz. Pero los que ganaban eran los jugadores y los que perdían también”, señaló en una entrevista al diario Página/12 tiempo después, cuando ya estaba retirado de las canchas. Sin embargo, su paso por Boca no estuvo exento de polémicas porque la presencia de un psicólogo era difícil de asimilar para el mundo del fútbol. En aquel entonces y hasta muchos años después también. “Nadie duda de que hay factores psicológicos que influyen en el rendimiento. El problema que existe aquí, en la Argentina, es que es difícil insertarlo en un club: la mentalidad de los técnicos no ayuda, porque hay muchos que creen que pierden espacio. Y no es así, cada uno tiene su lugar y hay temas que el entrenador no sabe cómo manejar. Un técnico no puede reemplazar a un psicólogo", contó en una entrevista al diario La Nación en 1998.

 

Entrenando el cerebro

Con el tiempo, esa resistencia del fútbol vernáculo fue cediendo, tal vez por tantos ejemplos de deportistas de elite que lograron cambiar su cabeza gracias a la ayuda psicológica. En su libro Mente deportiva (Autoría Editorial 2017), el neurocoach de atletas Marcial Pérez se pregunta si deportista de elite nace o se hace. Y responde destacando un momento decisivo en la vida del tenista Roger Federer. El suizo había confesado que el rumbo de su carrera deportiva había cambiado definitivamente a partir de 2001. “Durante sus primeros años de tenista, los top ten siempre lo derrotaban (…) Se fastidiaba, rompía raquetas, maldecía y perdía el control de sus decisiones y acciones. Hasta que un día decidió consultar un especialista en el manejo de las emociones. Con aprendizaje y práctica, Roger logró controlar el miedo cuando iba perdiendo, la ira en un error o la preocupación en situaciones de presión”, escribe Pérez.

Hoy día, el poder que tiene la mente en el rendimiento deportivo ha encontrado en las neurociencias (o ciencias del cerebro) un nuevo aliado. Cuando Marcelo Gallardo se convirtió en el director técnico de River, hace ya más de tres años, sorprendió a todos no solo por levantar el nivel de juego del equipo y ganar varios títulos. El Muñeco es además el responsable del desembarco en el club de Sandra Rossi, médica deportóloga experta en neurociencia aplicada al deporte de alto rendimiento que venía trabajando en el CENARD. 

Neurociencias, la nueva forma de entrenar la mente de los deportistas

“Mi función tiene que ver con el entrenamiento cerebral del deportista en funciones como acortar el tiempo de reacción, aumentar la visión periférica, mantener niveles atencionales más altos, que tengan una comunicación efectiva, todo lo que sucede en el cerebro de un deportista de alto rendimiento antes de moverse, y optimizarlo y empujar los límites que uno tenga”, declaró en su primer día de trabajo

 

 

 

La clave de por qué esta disciplina abre ahora tantas posibilidades en el deporte está en el concepto de neuroplasticidad. Este descubrimiento implica un cambio trascendental respecto del comportamiento neuronal. Antes se creía que las neuronas se iban muriendo a medida que envejecíamos, pero hoy se sabe que el cerebro es en realidad un órgano que cambia, se moldea. Los especialistas aseguran que entrenándolo se pueden cambiar las conexiones entre las neuronas de modo tal que reforzando una acción determinada se logra que la información corra más rápido. La presencia de expertos en neurociencias en el deporte no compite con la de los psicólogos deportivos. De hecho, en la actualidad está muy en boga el enfoque multidisciplinario de las distintas problemáticas. Así, el psicólogo trabaja más sobre las cuestiones emocionales, en tanto los nuevos profesionales de las neurociencias tienen una perspectiva más fisiológica.

El ejemplo de Rossi llevó a que otros clubes se interesaran por las aplicaciones de las neurociencias. Es el caso de Olimpo de Bahía Blanca, que a principios de 2017 sumó a su cuerpo técnico al ya mencionado Marcial Pérez. En el primer semestre del año, el aurinegro tuvo la difícil misión de salvarse del descenso (o “de permanecer en Primera”, como prefiere decir Marcial) y lo logró. Al momento de explicar el trabajo realizado, Pérez contó que en los primeros dos meses realizó ejercicios de meditación, visualización y evocaciones positivas. “Las visualizaciones consisten, por ejemplo, en imaginar jugadas con los ojos cerrados. El inicio, el pase, el control, hacer el movimiento y una finalización con éxito. Si yo condiciono un determinado gesto motor hacia emociones positivas, en la cancha hay muchas más posibilidades de evocar ese movimiento y realizarlo bien. A todo eso se le agregan elementos del contexto: rivales, gritos, ruido. Con esto se activan áreas neuronales que son las mismas que se activan durante el partido, así que sirve para construir confianza y mejorar movimientos en el campo”, contó a la página web partidaria del club.

El deporte de alta competencia se nutre cada vez de más herramientas que permitan potenciar el rendimiento de los atletas. Hoy, con la psicología ampliamente difundida, lo “nuevo” parece estar en la aplicación de las neurociencias. El objetivo es que cada deportista logre dar lo máximo de sí mismo, que llegue a su límite. Pero por ahora, por suerte, ninguna de estas técnicas ha logrado “crear” el talento. Eso, por suerte, todavía viene dado. 

 

Fotos: Istock