Boarding House Reach

Mayo 2018

Entretenimientos

El tercer disco de Jack White

Al casarse con Meg White, en 1996, John Anthony Gillis decidió bautizarse artísticamente cambiando su nombre de pila y tomando el apellido de su esposa. Así, de una decisión si se quiere vanguardista, que al mismo tiempo generó confusión y controversia, “nació” Jack White. También provocó ambigüedad, que la banda que integraron durante siete años y que ayudó a elaborar la banda de sonido del cambio de milenio, The White Stripes, aprovechó como herramienta de difusión y marketing. Quizá todavía haya quienes creen que son hermanos, ya que llevan el mismo apellido o, los menos, que ella tomó el de su esposo. Pero la pareja se separó en 2000 y él sigue siendo Jack White. Y lo sigue siendo en un sentido amplio, no solo en su alias.

En Boarding House Reach, su tercer disco solista, el primero en cuatro años, el músico nacido en Detroit casi 43 años atrás repite lo que ya podría considerarse habitual en su carrera y poco habitual en la de muchos de sus contemporáneos: la sorpresa. Quizá por curiosidad, o por fobia a la rutina, hurga en nuevas posibilidades expresivas y sonoras, incursiona en géneros diversos y toma riesgos. En fin, hace lo que un verdadero artista. Aquí combina canciones de fácil recordación aunque no por eso exentas de elaboración, como Connected to Love, con búsquedas sónicas como Hypermisophoniac, que remiten en su espíritu de libertad creativa a algunos de los tracks experimentales de sus bandas paralelas The Racounters y The Dead Weather, esta última con White en percusión y voz, sin intervenir como guitarrista, rol en el que destaca por su técnica y su versatilidad y que lo tiene como a uno de los máximos exponentes de su generación. Va de la sutileza de What’s Done is Done y Humoresque al crescendo frenético de Everything You’ve Ever Learned; de la distorsión de Over and Over and Over (con voces que remiten a algunos arreglos de Frank Zappa de los años 70) a Ice Station Zebra, donde sugiere un rap; del blues en Why Walk a Dog a esa especie de spoken word de Ezmeralda Steals the Show o Abulia and Akrasia.

Después de Blunderbuss y Lazaretto, sus anteriores discos solistas, Boarding House Reach muestra lo que quizá en algún momento se convierta en un nuevo cambio de rumbo en la carrera de White, algo que, de todos modos, viene haciendo desde siempre –a veces dentro de un mismo disco, como en este caso– e incluso en medio de algunos de sus temas ya desde la época de The White Stripes. Un cambio de rumbo permanente que lo mantiene, sin embargo, bien alto en la consideración de público y crítica, y que puede observarse cabalmente en su extraordinario Acoustic Recordings, con grabaciones acústicas realizadas entre 1998 y 2016.

Notas relacionadas