"Lo que define al jazz local es la diversidad"

Noviembre 2011

Entretenimientos

Más de 200 músicos locales y 40 artistas internacionales que llegaron por primera vez al país participaron, entre el 1 y el 6 de noviembre, del BAJ.11, organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad,  con dirección artística de Adrián Iaies. Conciertos, Cruces, Proyectos Especiales, shows al Aire Libre y Jam Sessions fueron algunas de las secciones que compusieron el evento jazzístico por excelencia, y que ofrecio al público, por cuarto año consecutivo, la oportunidad de descubrir prestigiosos músicos extranjeros, y a la vez acercarse a lo mejor de la escena local.

En éste, su cuarto año, el Festival volvió a apostar por la novedad y la variedad estilística, ofreciendo distintas vertientes del jazz en los mejores escenarios y convocando a una mayor cantidad de público.

En esta edición, que contó con invitados de lujo, la programación ofreció además un mayor espacio para la creciente producción nacional, a través de una cantidad de conciertos de intérpretes locales y los ya clásicos Cruces en los que interactúan con los invitados del Festival.

El Festival presentó dos novedades: por un lado, se vieron en La Trastienda Club una serie de Proyectos Especiales que involucraron a artistas argentinos, y por otro, la Capilla (Auditorio El Aleph) del Centro Cultural Recoleta albergó el formato Unplugged, con una serie de conciertos casi de cámara.

La Apertura del mega evento fue el 1º de noviembre en el Coliseo con la presentación del pianista Kenny Werner junto a su legendario trío, que completan Johannes Weidenmuller en contrabajo y el baterista Ari Hoenig. Este eximio pianista, compositor y pedagogo también ofreció un solo piano el 2 de noviembre en el Teatro Regio.

El doble concierto de cierre, también en el Coliseo, fue con la presentación del cuarteto de la percusionista danesa Marilyn Mazur y el trío del guitarrista franco-vietnamita Nguyen Le con el proyecto Saiyuki, que integra al percusionista Prabhu Edouard que toca las tablas y Mieko Miyazaki, virtuoso intérprete del sitar: un cierre de lujo inscripto en la vanguardia europea.

Se presentaron, además, dentro de la sección Conciertos Internacionales, dos reconocidos trompetistas: el legendario Charles Tolliver y el italiano Paolo Fresu, uno de los nombres fundamentales de la escena europea; el notable contrabajista noruego Arild Andersen y dos pianistas de lujo: el español Albert Bover y el francés Baptiste Trotignon. De Brasil llegaron Hamilton de Holanda y la cantante Tatiana Parra.

Cruces, otra de las series más exitosas de cada edición, reunió en Notorious y Café Vinilo a músicos extranjeros como Ari Hoenig, Johannes Weidenmuller, Fredrik Lundin, Krister Jonsson, Oscar Jon Hoogland, el bajista japonés Masa Kamaguchi, Bebo Ferra, Matt Pavolka, Paolino Dalla Porta, Dominique Eade, Tommy Smith, Sebastián Cifuentes, Holman Alvarez, Kike Harker, Sylvain del Campo entre otros, que se cruzaron con músicos locales como Ricardo Cavalli, Armando Alonso, Guillermo Romero, Alejandro Demogli, Sergio Gruz, Eloy Michelini, Juan Manuel Bayón, Rodrigo Domínguez, Abel Rogantini, Arturo Puertas, Luciano Ruggieri  y Diego Urbano.

-¿Qué es lo que define a la escena jazzística local, en la actualidad?
Adrián Iaies: -Lo que define al jazz local actual es la diversidad. Los chilenos, por ejemplo, tocan todos  una  misma escuela, son todos parecidos. Los italianos tienen un jazz super personal, pero eso no pasa en muchos otros lugares, ni pasa en la Argentina. Acá no, hay un muy buen nivel y encontrás gente que toca tradicional, gente que toca free jazz…Hubo una etapa en la que podía reconocerse una cosa más territorial y que llevó a los músicos a incorporar elementos del tango, o del folklore, pero me parece que eso ahora se ha refinado: hay un sonido local que no depende ya de que eso suceda. Ese sonido no tiene tanto que ver con la selección de los temas sino con el modo en que se tocan esos temas, con cómo se desarrollan, una forma más refinada de identidad local, no atada a ningún leit motiv específico.

-¿Qué es lo que, personalmente, más lo entusiasma, de lo que pasa aquí en relación al jazz?
- A.I.: El hecho de que haya tantos pibes jóvenes tocando, y tocando con tipos grandes, el intercambio generacional. Es una garantía de continuidad.

-La elección de los artistas de la presentación y el cierre ¿tuvieron algún carácter simbólico?
A.I.:  -Lo que intentamos siempre es que la primera elección refleje el grado de diversidad que tiene el jazz como filosofía. Hay algunos músicos que tocan en la más pura tradición, mientras que otros son más contemporáneos y lo que tratamos es de reflejar ese eclecticismo, que la apertura y el cierre reflejen costados bien diferentes. Werner, por caso, es un pianista de jazz que ha trabajado en la más pura tradición, más allá de que también ha trabajado con elementos más contemporáneos.

-¿Esa diversidad estilística es uno de los criterios que orienta el armado de la programación?
A.I.: -Sí, teniendo en cuenta que es el único festival de la ciudad, y que es un festival importante y público, es interesante que tenga la sana intención de abarcar el gusto de la mayor cantidad de público posible. Por otro lado, lo que intentamos es que la selección no se aparte de lo que es jazz, porque a veces se llama jazz a todo lo que no resulta fácilmente clasificable, y eso no nos gusta. El BAJ tiene que tener una estética jazzística.

-Se busca abrir el juego para incluir a artistas de lo más eclécticos pero siempre  dentro de lo que el género permite…
A.I.: -Exactamente, abrir el juego tanto como se pueda, sin convertir al festival en una feria de otras músicas. Buenos Aires tiene una impronta y una tradición jazzística.

-¿Eso vuelve a su público más exigente?
A.I.: -Totalmente, el porteño es un público abierto, no ortodoxo, más atento y rupturista, no tan prejuicioso, pero como Buenos Aires tiene una agenda de jazz internacional, de productores privados, hay mucha oferta, es un público conocedor. Es también por eso, porque hay una buena oferta privada, que nosotros podemos darnos el lujo de programar gente de afuera que nunca haya venido al país –desde el 2008 hasta acá todas las visitas internacionales que vinieron debutaron en Buenos Aires en el festival-, y podemos jugar con esa oferta que no depende de la lógica de recaudación, del rédito económico, no depende de la lógica de mercado.

-La sección Cruces propone encuentros entre artistas, de aquí y del exterior…
A.I.: -Es la sección que primero agota las entradas, y se comenta mucho. Es algo que de algún modo inventamos nosotros, yo no la vi en ninguna parte del mundo. Acá lo que se busca es linkear dos artistas, compartir. No es una jam, en donde se toca una "que sepamos todos". Acá, los músicos toman el compromiso de estudiar la música del compañero que le toca, es genial. En la Argentina tenemos  grandes talentos que tienen muy pocas posibilidades de tocar afuera, por eso la idea original de esta sección fue la de darles a los músicos locales la posibilidad de establecer contactos con artistas extranjeros, de iniciar relaciones profesionales que después puedan continuar. Y eso se está dando, los argentinos podemos darnos a conocer también a través de estas ventanas que abre el festival. Lo que yo tengo que intentar es ampliar las bases de público y a su vez hacer que ese público confíe cada vez más en nuestros músicos. Al ser valorados afuera, acá también se los revaloriza.

-¿Cuáles fueron sus expectativas respecto de la edición 2011?
A:I:-Que fuera más gente a los conciertos, que éstos salieran bien. Estoy muy feliz también con algunas secciones nuevas, la que se hizo en la Capilla del Centro Cultural Recoleta, donde se podrán de aquí en más hacer espectáculos sin ninguna amplificación, lo que nos permite programar presentaciones de solopiano o acústicos, cosas que no caben en ambientes más bulliciosos. Y el otro punto es que hemos convertido a La Trastienda en una especie de búnker de proyectos especiales que involucran a artistas locales, que no tienen porqué ser siempre los mismos. Juan Cruz de Urquiza versionando a Charly García, eso es, por nombrar alguno, un proyecto especial. Si hago un balance de lo que prometimos o nos prometimos a nosotros mismos en el 2008, me siento más que satisfecho. A mí siempre me preocupó que de los conciertos no se hicieran registros, que cuando terminaban se apagara la luz, y nadie más pudiera revivir eso, y ahora, de casi la totalidad de los encargos que hemos hecho a músicos locales se han convertido en discos. Que Guillermo Klein, por ejemplo, haya trabajado sobre el Cuchi Leguizamón, cosa que no estaba en sus planes, a partir del festival, que de eso se haya hecho un disco que se presentó en Nueva York, por dar sólo un ejemplo, para mí es una alegría inmensa, y como esos muchos otros. Ese es un sueño cumplido. Que los músicos toquen en las mismas condiciones que las estrellas extranjeras, otro objetivo cumplido.

Link: www.adrianiaies.com

Notas relacionadas